Leer La lógica de la crueldad de Joan-Carles Melich ha sido una experiencia de una manera profundamente transformadora. Mèlich examina la crueldad a través del libro, pero no como un fenómeno singular o inusual.
Más bien, la desentraña como una lógica que opera de forma silenciosa en la vida cotidiana, a menudo disfrazada bajo buenas intenciones, normas morales o sentido del deber. De su propuesta me impactó sobre todo que no presenta a la crueldad como algo ajeno, propio solo de asesinos o dictadores, sino como una posibilidad siempre presente para el ser humano, incluso en actos cotidianos que suelen pasar desapercibidos.
Una de las ideas centrales del libro que más reflexión me provocó fue sobre la diferencia entre moral y ética. Mèlich plantea que la moral se construye a partir de normas rígidas más reglas universales que supuestamente nos indican lo malo o lo bueno. Sin embargo, estas normas no siempre consideran al otro como un ser concreto en sí. El otro sí que posee historia, sufrimiento y particularidades. Con frecuencia la moral, buscando imponer un orden y definir lo correcto, acaba deshumanizando, justificando exclusiones y violencias invocando "lo que debe ser". Para Mèlich, en cambio, la ética surge desde el encuentro con el otro, no a partir de un mandato externo, sino de la sensibilidad hacia su vulnerabilidad.
Esa distinción me conmovió profundamente ya que me llevó a reflexionar sobre cuántas ocasiones actuamos siguiendo una moral estricta sin pensar en el otro como una persona que siente, padece y espera algo de nosotros.
Durante la lectura del libro, me vi obligada a reconsiderar cómo esta mentalidad de la crueldad se presenta en nuestra sociedad hoy en dia.
Observamos esto en sistemas que justifican dejar atrás a los más débiles porque "no hacen lo suficiente", en discursos que desvalorizan a quienes son diferentes por no seguir la norma, o en políticas públicas que priorizan el orden y la productividad a expensas de la dignidad humana. La crueldad no solo se manifiesta a través de golpes o gritos; normalmente se ejerce en silencios, indiferencias o decisiones que se camuflan tras el argumento de ser objetivos, eficientes o legales. Incluso en el ámbito educativo, un área que consideramos un lugar de desarrollo, pueden existir lógicas crueles cuando se demanda uniformidad, se penaliza la diferencia o se juzga sin entender las historias de cada alumno.
Una sección particularmente impactante del libro es cuando Melich declara que "la crueldad surge cuando dejamos de ver a los demás como un propósito en sí mismo y los consideramos solo como un medio". Esta afirmación me tocó profundamente, ya que me llevó a reflexionar sobre la manera en que frecuentemente interactuamos con otros, basando nuestras relaciones en lo que estos pueden brindarnos: cariño, reconocimiento, apoyo, satisfacción o estatus. Cuando esos individuos ya no cumplen con esa función, se vuelven fácilmente desechables, pasan a ser ignorados o se les resta validez. Esta forma de pensar se ha vuelto tan común en nuestras interacciones que a menudo no nos preguntamos al respecto. En esencia, como lo comenta Mèlich, la crueldad contemporánea se ha normalizado tanto que ya no parece cruel en absoluto.
Asimismo, esto me llevó a considerar el impacto del lenguaje. Mèlich destaca que el lenguaje puede funcionar como una herramienta poderosa:
tiene la capacidad de dar vida a la humanidad, pero también puede dañar, excluir y clasificar. Cuando recurrimos a etiquetas para describir a alguien, limitándolo a una categoría o despreciando su historia, estamos perpetuando esa lógica despiadada que dichosa o desafortunadamente segmenta el mundo en "nosotros" y "ellos". Estas etiquetas constituyen un método sutil pero contundente de deshumanización. Por ejemplo, pensé en la forma en que nos referimos a las personas migrantes, a quienes padecen trastornos mentales, o a aquellos que no se ajustan a los estándares de éxito o belleza. A menudo, se les menciona de manera estadística o como si fueran meros problemas sociales, pero raramente se les reconoce como
personas reales.
Melich escribe desde una perspectiva que se centra en el cuidado, no desde el pesimismo. Nos anima a aceptar nuestra vulnerabilidad y a reconocer la de los demás. No se trata de lograr una perfección ética, sino de entender que, al poder herir, también debemos asumir la responsabilidad por nuestras acciones. Para él, la auténtica ética no se origina en seguir normas, sino en la acción de responder a la mirada del otro, en escuchar y en estar presente.
Desde mi propia experiencia, este libro me impactó profundamente. Me llevó a ver las relaciones humanas de manera diferente, a cuestionar algunas certezas y a darme cuenta de que todos —yo también— podemos caer en una lógica de crueldad si no estamos alerta. La invitación de Melich no es fácil, pero es fundamental: nos impulsa a actuar con mayor empatía, a desafiar los instintos de la moral tradicional y a adoptar una ética que se fundamenta en la atención y en la sensibilidad hacia el otro de forma concreta.
En conclusión La lógica de la crueldad es un libro que puede causar un poco de incomodiad pero es precisamente esa incomodidad lo que lo hace tan importante. Esta lectura motiva a reflexionar, a experimentar emociones y, sobre todo, a comportarse con mayor humanidad en un entorno donde, con frecuencia, la crueldad se ha vuelto algo normal. Recomiendo este libro de manera intensa, no solo para quienes estudian o investigan, sino también para cualquiera que aspire a llevar una vida más consciente y responsable.
Diane Annete Astorga y Morales

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